El nuevo espacio público no es la web 2.0.

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06jun
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No considero que la web 2.0 sea el nuevo espacio público, aunque se ha convertido en un nuevo espacio de relación imprescindible. El espacio público es el soporte físico de actividades urbanas colectivas, tiene además una dimensión social, cultural y política. Es un lugar de relación y de identificación, pero en este caso es necesario algo más que un nombre de usuario, nos permite establecer un contacto real con la gente.

Los seres humanos somos criaturas sociales, y comenzamos a intercambiar señales de comunicación no verbales incluso antes de comenzar a hablar. Construimos espacios públicos en nuestras ciudades para poder satisfacer dicha necesidad. Es un espacio “vivido”, como nos dice J. V. Boira, a través del prisma de la experiencia personal de la gente, coloreada por sus esperanzas y miedos y distorsionada por prejuicios y predilecciones. De hecho, no puede desligarse de la memoria individual y colectiva de quienes lo habitan.

Los nuevos espacio de relación en el ciberespacio se construyen con lenguaje de programación o en base a criterios comerciales, la escala humana no es en este caso un valor de referencia. Pienso que en esto poco ayuda la arquitectura, existen muchas disciplinas que pueden y deben aportar mucho mas. La construcción del mundo digital puede hacerse con la participación de arquitectos, pero esto no es arquitectura.

La web 2.0 permite a los usuarios interactuar y colaborar entre sí, las redes sociales pueden facilitar la comunicación con los mas alejados pero en ocasiones nos aíslan de los mas cercanos. La “plaza”, como punto de encuentro de los habitantes de un lugar, sigue siendo necesaria. La construcción de los nuevos espacios públicos tienen el reto de adaptarse a la sociedad a la que sirven, aunque parte de sus elementos básicos se mantienen inalterables.

La plaza

“Sitio o centro de todo asentamiento. Espacio de la arquitectura donde se da el encuentro colectivo de los habitantes del lugar. Patio grande donde todos se reconocen en sus manifestaciones gregarias y en la memoria de acontecimientos ya pasados. Lugar donde antaño los niños jugaban o donde los adolescentes y jóvenes se citaban en busca del primer enamoramiento y donde los viejos, sentados en las viejas bancas, veían pasar siempre el mismo sol, bajo el mismo cielo, que se llevaba el tiempo, la vida, las ilusiones y los mismos sueños”.

Ana M. Molina. Arquitecta.